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La familia elegida en las fiestas decembrinas: resignificando los vínculos y tradiciones

Por Sajid Bran Santamaría y Mafer Hernández Lara (integrantes de nuestro Consejo Estudiantil).

Las noches de paz, noches de amor, están más cerca a la par del fin de año. Para la gran mayoría de las personas mexicanas, estos días festivos representan también unos días de descanso y un fuerte llamado a compartir . Época en la que pareciera que todo tiene una suerte de reinicio, que los días se irán esfumando con la sarta de festividades y planificaciones para pasarla bien con les seres querides.

La idea de familia se refuerza en constantes mensajes que van desde los comerciales de refrescos, las marcas de ropa, las temporadas de descuentos y las películas navideñas. No obstante, para algunas personas, más que un referente de “felicidad” esto es una fuerte causa de estrés y ansiedad para quienes no habitan un espacio seguro. Las implicaciones de estas fechas pueden ser mucho más complejas para las personas LGBTQ+, más allá de los otros problemas que representa. 

Como personas no binaries y parte de la comunidad LGBTQ+, reconocemos que estas fechas de reunión son desafiantes, ya que enfrentamos situaciones que nos llevan a repensar la convivencia familiar y el lugar que ocupamos en ella. Pues en estos espacios existen una serie de expectativas sociales y culturales sobre como debe ser y verse una familia, en este sentido, las personas LGBTIQ+ nos convertimos en un blanco de incomodidad para ese modelo. 

Esto puede conllevar dinámicas de violencia hacia las vivencias diversas, por ejemplo, con el uso de necrónimos, los cuestionamientos sobre la orientación y el estatus relacional, las críticas, burlas y algunos comentarios “bien intencionados”, ya sea que se esté o no fuera del clóset. En casos más graves se puede ejercer violencia física y económica desde el mismo ambiente familiar nuclear y extendido con el fin de borrar esa diferencia en la convivencia familiar.

Afirmamos que, por más introvertides que seamos algunes, somos seres sociales que nos buscamos en otras personas, es por eso que el compartir un marco de experiencias, contar con espacios para ser nosotres mismes y también el poder de crear y creer en horizontes de expectativas esperanzadores posibles en conjunto, es esencial para nuestro bienestar psicológico y físico.

En este marco, esa búsqueda de muches de nosotres como personas LGBTQ+, recae en crear vínculos que parten de la experiencia en común sobre la identidad, y que a su vez permitan satisfacer las necesidades afectivas, de apoyo y reconocimiento en otros espacios, incluso virtuales. Lo que ocasiona que, en muchas ocasiones, el proceso de conformar una familia elegida, implica romper con los modelos conocidos y renunciar a un deber ser en el que no cabemos. 

Este proceso se vuelve fundamental o un punto de no retorno para muchas personas durante las fiestas decembrinas, por el llamado cultural a la compañía, reunión y a ofrecer una imagen de “bienestar que puede ser falsa”. Para las personas LGBTQ+ que son vetadas en la convivencia en muchos de estos espacios, es necesario encontrar otros que sí satisfagan esa función, pero no solo eso, sino que esto trae consigo la resignificación de estas festividades y de las posibilidades de vínculos que queremos  y podemos establecer tanto con nosotres mismes y con les otres. 

Las condiciones desde las que cada quien parte en la conformación de una familia elegida pueden ser muy diferentes, desde la incomprensión o desconocimiento total de la identidad de la persona dentro de la familia, hasta el abandono material de la persona LGBTQ+, aunque es importante enunciar que en todos los casos, más que sustituir una serie de carencias y faltantes, la familia elegida brinda otras dimensiones, significados o posibilidades de lo familiar y comunitario. El malestar también tiene cabida en la familia elegida, aunque se convierte en una manera de fortalecer los lazos, en lugar de ser motivo de conflicto y desencuentro, generando así nuevo valor de poner en el centro los cuidados y afectos. Finalmente, no son sólo mecanismos de supervivencia, sino de bienestar. 

Hay casos en donde la ruptura con la familia consanguínea es total. A todas esas personas les abrazamos y les deseamos que lleguen habitar un espacio en el que sean abrazades y acompañades por el mero hecho de ser y existir. A las personas que construyen sus familias en la virtualidad por la imposibilidad de reunirse presencialmente, les agradecemos por estar ahí en nochevieja, año nuevo y cada vez que necesitamos la compañía que quienes nos rodean no nos pueden brindar. Finalmente, si bien no podemos escapar totalmente de los rituales y tradiciones, sí podemos apropiarnos de ellos y transformarlos; a fin de cuentas, desafiamos las normas dominantes, abriendo nuevos caminos para el ser y existir. 

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