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Nos Merecemos Amores Adolescentes y Bonitos

Por Kan Amaro,

No hablo de un rango de edad, sino de nosotres: jóvenes, adultes, treintañeres, quienes vamos hacia adelante o damos unos pasos atrás en la historia de nuestra vida. Hablo de quienes no tuvimos la oportunidad de vivir el amor con ternura radical en las etapas en que debimos hacerlo.

Quiero abrir este espacio con una enorme disculpa. Por si nadie te lo ha dicho: lo siento mucho. Va para ti, para mí y para todes quienes alguna vez nos llenamos de miedo. Para quienes nos despertamos un día, nos miramos en el espejo de un baño público, y nos vimos ahí, rodeades de personas con quienes sentíamos que debíamos parecernos, pero con quienes nunca logramos encajar.

Antes de que el miedo se arraigara en nosotres, ¿cuál fue su origen? Tal vez, al menos desde mi perspectiva, surgió de una pregunta:

¿Por qué no me siento como elles?

Hablo desde mi experiencia: soy una chica de 31 años, lesbiana, con expresiones de género principalmente masculinas. Aún no termino de definir mi identidad y me di cuenta de que no salí realmente del clóset a los 16 años, cuando les dije a mis padres. Salí hace apenas tres años, cuando comencé a reconocerme a mí misma, a sentirme cómoda en mi cuerpo. No sé hasta dónde llegaré, pero aquí estamos: en el camino del autodescubrimiento compartido.

Sí, estoy asustada.

Amores bonitos para nuestre yo pequeñe

Construimos desde el gris hacia el color.

Somos todes esa persona sentada al lado de su mejor amigue, saliendo de la prepa, sintiendo cómo el vacío en el estómago crece. Pero como un granito de maíz a punto de convertirse en palomita, necesitamos decirlo:

Cómo es nuestro amor, cómo vemos el mundo, cómo nos cuestionamos por qué, mientras todes a nuestro alrededor se enamoran, nosotres observamos desde lejos, sabiendo que somos diferentes.

Un día, con una mezcla de imprudencia y valentía, decides hablarlo por primera vez. Y para no afrontarlo directamente, preguntas:

¿Qué opinas de las personas que se sienten atraídas por otras de su mismo género?

La respuesta llega como un golpe:

«Pues, Dios nos enseña a perdonar. Mientras no se metan conmigo y me respeten, yo trataré de no meterme.»

Qué odio esa frase hoy en día.

Ignorando las señales de que ese no era un espacio seguro, decides abrirte más:

“Me gustan las mujeres.”

Esa confesión creó un abismo. No recibí mayores explicaciones, pero me quedé con la idea de que no solo sentía de manera equivocada, sino que mi forma de sentir provocaría que las personas se alejaran de mí. Ahí se generó mi mayor herida: el abandono.

Revelaciones sin consentimiento.

Un anécdota en tercera persona:

Kan, 16 años, en la preparatoria. Era una chica popular, atleta de alto rendimiento, destacada, conocida por todes y querida por muches. Pero, en el fondo, tremendamente inadaptada.

No conectaba con nadie, no mantenía relaciones profundas, aunque era una persona cálida y bienvenida en muchos espacios. Cómoda… en ninguno.

Conoció a una chica revolucionada, con deseos de experimentar. Un día, en casa, haciendo tarea en equipo, esta chica le robó un beso. En ese instante, Kan no sintió fuegos artificiales, sino una explosión de emociones que le permitió saber que ese era su camino, aunque entendía que ese lugar no era el suyo.

La historia no terminó ahí. La conclusión y el nacimiento de sus mayores miedos llegaron después, cuando la mejor amiga de esa chica, en un arranque de celos, le contó a los padres de su amiga lo que había visto a escondidas. Los padres fueron a la escuela a amenazar a Kan y le contaron a su mamá lo ocurrido.

Nadie cuidó a Kan. Nadie la acompañó. Nadie la defendió.

Como si un beso inocente pudiera ser algo malo, todo su entorno intentó apagar su ternura. Pero Kan, en un acto de resistencia, se aferró a esa ternura como si de ello dependiera su vida.

Hoy, desde el presente

Hoy soy una adulta de 31 años que ha ido a terapia, que es responsable afectivamente consigo misma y con les demás. Sueño con que las infancias y adolescencias puedan vivir el amor desde la ternura, sin miedo.

Hoy cuido a mi adolescente interior, y juntes estamos reparando todo lo horrible que vivimos.

Amores bonitos para nuestre yo pequeñe.

Amores que nos construyan desde el gris hacia el arcoiris.

Amores como los de Zafiro y Rubí: Un amor que nos construye

En el universo de Steven Universe, hay un amor que brilla con fuerza y nos recuerda cómo debería ser el amor: el de Zafiro y Rubí. Estas dos gemas, juntas, forman a Garnet, un ser tan único y maravilloso que encarna la unión perfecta de dos almas profundamente conectadas.

Zafiro, serena y sabia, representa la estabilidad y la visión del futuro. Rubí, enérgica y apasionada, simboliza el fuego y la fuerza del presente. Juntas, se complementan, creando algo más grande que elles mismes. Garnet no solo es la fusión de sus cuerpos, sino de su amor inquebrantable, de su respeto mutuo y de la decisión diaria de permanecer juntes.

En cada episodio donde aparece Garnet, podemos ver la lección más poderosa: el amor verdadero no es perfecto, pero es constante. No se trata de borrar las diferencias ni de ser idéntiques; se trata de celebrar quiénes somos y construir algo bello con quien decide quedarse a nuestro lado. El amor de Zafiro y Rubí nos enseña que el amor no debe ser miedo, juicio ni rechazo. Es, ante todo, un espacio seguro donde podemos ser vulnerables, intensos, únicos y siempre nosotres mismes.

Así debería ser el amor:

  • Tierno y radical.
  • Valiente, incluso frente al juicio o a los problemas.
  • Un amor que, en lugar de apagar nuestra luz, nos haga brillar aún más fuerte.

Quiero pensar que todas las Kan del mundo tienen la oportunidad de encontrar un amor como el de Zafiro y Rubí. Un amor que nos sostenga en los momentos de miedo, que nos acompañe en el proceso de descubrirnos, y que nos permita fusionar nuestra ternura con la de otra persona para crear algo extraordinario. Un amor donde podamos, finalmente, sentirnos segures, libres y llenes de color.

Porque nos merecemos un amor que nos llene de colores.

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