Mariana Simone comparte su historia de transición en nuestra serie #TodoMejora, un espacio donde personas de la comunidad LGBTQ+ cuentan sus experiencias para que nadie tenga que recorrer este camino en soledad.
Este blog habla de tres cosas que van de la mano: salir del clóset a cualquier edad, el proceso de transición de género y cómo ser un aliade o una pareja que acompaña bien. Si estás en cualquiera de esos puntos —o en todos a la vez— este espacio es para ti.
Salir del clóset es una decisión que únicamente tú puedes tomar. Cada salida del clóset es distinta —tiene sus propias razones, su propio momento, su propia forma— y ninguna es mejor que otra. Hacerlo a los 17, a los 35 o a los 60 años es igual de válido e igual de valioso.
Las condiciones para vivir abiertamente como persona LGBTQ+ han mejorado en los últimos años, especialmente para las generaciones más jóvenes. Pero esa realidad es reciente. Para muchas personas de otras generaciones, el entorno era mucho más hostil: la religión tenía un peso social enorme, la representación de identidades diversas era prácticamente inexistente, y los estigmas y la discriminación eran más intensos que los que prevalecen hoy.
Sin un modelo de referencia, sin palabras para nombrar lo que sentían, muchas personas crecieron sin saber que existía una identidad distinta a la cishetero. Algunas se sintieron «diferentes» sin saber exactamente por qué, y descubrirían su identidad de género o su orientación sexual décadas después.
A medida que las personas crecen, también se suman otras dificultades: la sensación de que «ya no cabes» en el mundo LGBTQ+, el miedo a perder a la familia que construiste, la preocupación por el trabajo o por el entorno religioso. Todas estas razones para aplazar la salida del clóset son válidas.
También hay muchas razones para salir: poder compartir tu identidad real con quienes amas, vivir finalmente en un cuerpo y bajo un nombre que te correspondan, dejar de cargar el peso de ocultar y mentir —algo que con los años se vuelve agotador—, o simplemente tener la necesidad de que alguien te escuche.
Algunas personas que salieron del clóset en la adultez se arrepienten de no haberlo hecho antes, pero se alegran de haberlo hecho. Sin embargo, si decides no salir, tu identidad sigue siendo válida. Estar en el clóset o salir de él no define quién eres ni cómo te amas.
Es normal estar asustade. Decir en voz alta tu identidad puede ser un reto enorme, especialmente para personas trans, donde salir del clóset frecuentemente implica también cambiar de nombre y pronombres.
La primera persona con quien debes salir del clóset eres tú misme. Después, contárselo a alguien que sabes que te quiere por quien eres es un buen inicio. Siempre habrá preguntas incómodas, pero las personas que te aman se quedarán, y otras personas maravillosas llegarán.
Hay muchas formas de hacerlo: con todo el mundo a la vez, solo con algunas personas, o solo en ciertos contextos —como en casa pero no en el trabajo, o en espacios donde hacerlo sea seguro. Sea cual sea la forma que elijas, si la decisión es tuya, entonces es la correcta.
La relación de cada persona con su cuerpo es única y, generalmente, complicada. Para las personas trans o no-binaries puede serlo aún más. Hablar del cuerpo implica hablar también del proceso de transición.
Para algunas personas trans y no-binaries, la discrepancia entre su identidad de género y el sexo que se les asignó al nacer genera disforia de género: una incomodidad o malestar significativos, según la definición de la Asociación Mundial de Profesionales de la Salud Transgénero. Es importante aclarar que la disforia de género no es un trastorno mental, y que contar con redes de apoyo basadas en aceptación y empatía hace que el proceso sea más llevadero.
No todas las personas trans y no-binaries experimentan disforia de género. Para quienes sí, la transición puede ser determinante para reducirla o eliminarla.
La transición es el proceso en que una persona empieza a vivir de acuerdo con su identidad de género. Puede significar cosas muy distintas para cada persona: cambiar la ropa y el corte de cabello, elegir un nombre y pronombres, iniciar tratamientos hormonales o someterse a procedimientos quirúrgicos. O puede ser tan interno como simplemente repensar tu género de una forma distinta.
No hay una sola forma de transicionar, y todas son válidas.
La transición social puede incluir:
La transición médica varía según la persona y sus necesidades. No todas las personas trans desean o pueden acceder a ella, y eso no las hace menos trans.
Para hombres trans y algunas personas no-binaries puede incluir:
Para mujeres trans y algunas personas no-binaries puede incluir:
Factores personales, familiares, económicos y de salud influyen en el camino que cada persona elige. Ninguna decisión la hace más o menos «real» como persona trans.
La Universidad Cornell publicó una síntesis de estudios académicos sobre el efecto de la transición en el bienestar de las personas trans. Los hallazgos principales:
En un mundo ideal, toda persona podría acceder a atención médica informada, ética y gratuita para su proceso de transición. La realidad en México es que muchos profesionales de la salud no cuentan con formación adecuada, y persisten actitudes discriminatorias en los servicios médicos.
Si necesitas orientación o atención médica, en la sección de recursos al final de este blog encontrarás opciones. También te recomendamos leer el Protocolo de Acceso sin Discriminación a la Prestación de Servicios de Atención Médica a personas LGBTIQ+.
Hay muchas razones para ser una mejor aliada o aliade de las personas trans: contribuir a una sociedad más justa, crear espacios seguros y, simplemente, ser una persona decente.
Aquí van algunas recomendaciones concretas sobre lo que sí y lo que no debes hacer:
No asumas que sabes si alguien es trans por su apariencia. No hay una sola forma de verse trans, así como no hay una forma de verse cisgénero.
No deduscas su orientación sexual. Las personas trans pueden ser heterosexuales, bisexuales, homosexuales, asexuales u otras orientaciones, igual que las personas cis.
Pregunta sus pronombres. Si no sabes cuáles usar, pregunta y apégate a la respuesta. Si ya te los dijeron, úsalos.
Nunca preguntes cuál es su «nombre real». El nombre con que se presentan es su nombre real. Si conoces el nombre de nacimiento de una persona trans, no lo uses ni lo divulgues. Lo mismo aplica para fotografías anteriores a su transición: no las compartas sin su permiso.
Entiende que no hay una forma correcta de transicionar. Cada persona lo hace a su manera, y nadie está obligade a transicionar para cumplir las expectativas de otres.
No preguntes sobre su estatus quirúrgico, sus genitales o su vida sexual. Es información privada e inapropiada de pedir.
Evita cumplidos ambiguos como «eres muy linde, no se nota que eres trans» o «parece una mujer real.» Aunque sean bienintencionados, son hirientes porque implican que ser trans es algo que hay que disimular.
No des consejos que no te pidieron sobre maquillaje, ropa, voz o apariencia. No opines sobre el cuerpo de les demás.
Además de estas, recuerda usar lenguaje incluyente y corregir respetuosamente cuando alguien en tu círculo incurra en alguna de las actitudes anteriores.
Cuando alguien cercano sale del clóset o inicia una transición, también hay un proceso para quienes le rodean. Para la pareja, la familia y les amigues, habrá un primer momento de asimilación: pasar de tener un hijo a tener una hija, de una relación que parecía hetero a una que ya no, de un nombre a otro. Ese proceso lleva tiempo, y buscar apoyo para navegarlo no es una señal de rechazo, sino de compromiso.
1. Escucha y usa el lenguaje de la persona. Esto incluye su nombre y pronombres, pero también un lenguaje inclusivo más amplio. Sé consciente de frases, chistes o expresiones que refuercen estereotipos negativos o sean discriminatorias.
2. No compartas su identidad sin su consentimiento explícito. Si llegaron a un acuerdo, honra ese acuerdo y comparte solo lo que elle esté cómode compartir.
3. Conviértete en aliade active. Aprende, edúcate, alza la voz ante injusticias, promueve espacios seguros en los contextos en que participas: familia, trabajo, deportes, vida social.
Al ser una relación tan íntima, el shock inicial puede desencadenar emociones muy fuertes: enojo, miedo, vergüenza, incluso un proceso de duelo. Eso es natural. Los seres humanos tenemos mecanismos de protección ante los cambios. Sé amable contigue misme, pero considera buscar apoyo psicológico si lo necesitas.
Y recuerda: la afirmación de la identidad de género de tu pareja va a resultar en cambios positivos. Una persona más relajada, más feliz, más cómoda con su cuerpo y con mayor bienestar emocional.
Las personas trans pueden sentirse vulnerables al explorar su sexualidad, especialmente con nuevas parejas.
Si eres una persona trans:
Si tienes una pareja trans:
Unidad de Salud Integral para Personas Trans
Plan de San Luis & Manuel Carpio, Miguel Hidalgo, CDMX
Lunes a viernes de 8:00 a.m. a 3:00 p.m.
Ver en Facebook
Centro de Atención Transgénero Integral
clinicatrans.org.mx
Clínica Condesa
condesadf.mx
Centro de Servicios SER
centroser.org
Planned Parenthood (telesalud en español)
plannedparenthood.org/es
Protocolo de Acceso sin Discriminación a Servicios de Salud para personas LGBTIQ+
Descargar aquí
La historia de Mariana nos recuerda que no hay un momento «correcto» para ser quien eres. Que el proceso es tuyo, y que el amor —de las personas que ya están en tu vida y de las que están por llegar— existe.
Si estás considerando salir del clóset o iniciar tu transición, recuerda: no estás sole. Y sí, todo mejora.
Este artículo forma parte de la campaña #MisPronombresCuentan de It Gets Better México. Para más historias y recursos, visita nuestras redes sociales.